CÉSAR REYES DE ROA
Buenos Aires - Argentina
 

 1. ¿Quién es César Reyes de Roa?
Un escritor dedicado a la investigación y divulgación de todo aquello que concierne a la existencia de vida extraterrestre y, especialmente, a lo que se conoce como hipótesis del antiguo astronauta. De hecho, actualmente, y desde hace una década ya, soy el editor de contenidos de www.antiguosastronautas.com (la primera publicación en español sobre la hipótesis de las paleovisitas extraterrestres) y también consultor del Consejo Editorial de la Revista UFO de Brasil. Tengo hoy 58 años -nací en Argentina en 1956- y llevo unos 35 años de mi vida, sin contar mis primeros escarceos en la adolescencia, transitando este apasionante campo. Durante ese tiempo, participé en varios programas de radio y televisión; fui colaborador freelance y redactor jefe en algunos medios gráficos, y también coordinador documental de la legendaria revista argentina Cuarta Dimensión. Asimismo, he participado como disertante en varios congresos, simposios y seminarios sobre Ufología y, en 1984, siendo por entonces miembro de la ya desaparecida  The Ancient Astronaut Society, presidí el Primer Congreso Argentino de Astroarqueología y luego, en 1986, el segundo.

 2. ¿Cómo se auto define?
Básicamente, me reconozco como una persona con inteligencia intuitiva que opera a través del pensamiento lógico. Y diría también que soy un buen observador; pongo mi atención en los detalles, pero teniendo siempre en cuenta el contexto. Además de eso, soy alguien que sabe aprender de los errores. Sin eso y lo otro, es imposible investigar nada en absoluto, ni siquiera por qué las medias desaparecen en el lavarropas...

3. ¿Cuándo y porqué comenzó el camino investigativo?
En realidad, ya de muy pequeño era uno de esos preguntones incansables que quieren saber el porqué de todas las cosas. En mi casa había una bien nutrida biblioteca y la lectura era parte de lo cotidiano. De hecho, nunca leí por obligación sino por placer; desde historietas, claro, hasta relatos de aventuras al principio, y luego, al ir creciendo, de todo un poco... Pero recuerdo que, cuando tendría yo unos 15 años o así, llegó a mis manos “El Retorno de los Brujos”, de Pauwels y Bergier, y algo diferente pasó entonces por mi mente. Supongo que fue ahí cuando empecé a darle más importancia a las preguntas que a las posibles respuestas, tal vez de un modo más intuitivo que racional, desde luego, por mi corta edad; pero tomo aquello como un “punto de partida”. Un poco después, otros libros de autores como Charroux, von Däniken, Kolosimo, etc., fueron alimentando mi interés; y más tarde, ya durante mis años de estudiante de abogacía, a mediados de los ’70, comencé a leer a otros autores como Prescott, Waisbard o Leroi-Gourham, para comparar. También, por esa época, di mis primeros pasos en materias como filosofía, astronomía, arqueología y antropología, a través de cursos varios a los que iba como oyente.

 4. ¿Qué fue lo mejor y lo peor que la investigación le ha dado?
A estas alturas, la investigación ha pasado a ser algo tan natural y cotidiano para mí como cepillarme los dientes. De modo que no sabría cómo diferenciar de manera tajante lo mejor de lo peor. Como en la vida misma, hay en esto cosas buenas y malas; y no creo, por ejemplo, que los aciertos sean necesariamente mejores que los errores, porque todo es parte del mismo proceso de aprendizaje. Por lo demás, he comprendido a tiempo que es imposible que todo lo que uno haga le agrade a todo el mundo, lo cual me ha permitido aceptar incluso las críticas maliciosas como simples “gajes del oficio”.  

5. ¿Cuál es la investigación que más valora?
Como bien dijo el filósofo español José Ortega y Gasset “La ciencia es sólo un ideal. La de hoy corrige la de ayer, y la de mañana la de hoy.”; de manera que valoro mucho toda investigación que haga precisamente eso: corregir lo que en algún momento fue dado por cierto... 

 6. ¿Qué no puede faltar en su investigación?
La indispensable claridad intelectual para mantener una prudente distancia con lo investigado. Nadie es objetivo por naturaleza, así que me obligo siempre a ser extremadamente flexible con mi propia subjetivad para alcanzar esa meta de necesaria objetividad y poder sustraerme al anhelo del resultado.

 7. ¿Qué espera conseguir en su camino investigativo?
¡Nuevas preguntas para las viejas respuestas!

 8. ¿Qué es lo que nunca haría?
Nunca obraría en contra de mis convicciones. Así como los valores morales y éticos son innegociables, también lo es la honestidad intelectual con la que uno procede en su vida personal y profesional. La coherencia y solidez de principios que ello implica es para mí algo fundamental, y de hecho he declinado en varias ocasiones ofrecimientos para participar en medios gráficos, o bien en radio o televisión, cuando ya advertía de antemano que los enfoques editoriales y/o los temas a tratar iban a caer en algún momento, irremediablemente, por el abismo del sensacionalismo.

 9. ¿A quién o quienes siente que debe decir ¡gracias!?
Fundamentalmente y sin duda, a mi esposa; quien luego de más de 25 años de matrimonio es -entre muchas otras cosas importantes, y utilizando aquí una expresión popular-  mi “cable a tierra”...y sabia consejera.

 10. ¿Si le concediesen el deseo de tener una respuesta, cuál quisiera conocer?
Quisiera saber la verdadera causa y circunstancias de la existencia del Cosmos como lo conocemos, que no ha descubierto ni por asomo todavía la Cosmología...

 11. ¿Cuál sería su mensaje para los noveles investigadores?
Que siempre es bueno y aconsejable poner en duda algunas cosas que el tiempo ha dado por seguras. Que muchas veces, para avanzar, hay que salirse del sendero señalado y abrir un nuevo camino entre la maleza. Y que las únicas herramientas para una cosa y la otra son el estudio y la capacidad de discurrir, porque, como dijo Confucio, “El estudio sin pensar es vano, y el pensar sin estudiar es peligroso”. 

12. ¿Qué le gustaría que dijese su epitafio?
Yo prefiero la cremación y no el entierro, así que ese posible epitafio, imagino ahora, podría ser más bien una breve inscripción grabada en la consabida urna de madera que advierta: “Antes de arrojar mis cenizas, mira con atención hacia dónde sopla el viento.”

Reportaje realizado por Raúl Avellaneda para Enigmas (www.enigmas.com.ar)

 

 

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